Por Carlos Del Frade / 16 de Agosto de 2013
ROSARIO: SOBRE LA EXPLOSIÓN EN SALTA 2141
GAS ACUMULADO, DESIDIA ACUMULADA
Luego de la tragedia en Rosario, se abre una vez
más el debate sobre los sistemas de control y de
prevención. La empresa Litoral Gas se creó, con
el voto del diputrucho, tras la privatización de
Gas del Estado en el año 1992. A 68 años de la
bomba que asoló Hiroshima, a las 9.37 del martes
6 de agosto, en pleno microcentro de Rosario, en
Salta al 2100, una fuga de gas generó una
explosión que devoró desde abajo un edificio de
nueve pisos y dieciocho departamentos,
cobrándose la vida de 21 personas. 21. La cifra
que también expresa la cantidad de años
cumplidos desde aquella escandalosa
privatización de Gas del Estado.

Litoral Gas, hija directa de la sesión de la
cámara de diputados del 20 de mayo de 1992 que
aprobó la privatización de Gas del Estado con el
tristemente célebre diputrucho, parece ser la
principal responsable de lo sucedido, según
puede leerse en el artículo 52 de aquella ley
24.076.
Por eso, desde el primer momento y durante
varias horas, su gerente de relaciones
institucionales quiso imponer el relato sobre la
inexistencia de culpabilidad de parte de este
consorcio controlado, mayoritariamente, por la
francesa Suez –la misma que durante años se hizo
cargo del servicio de cloacas y potabilización
de aguas en quince ciudades de la provincia de
Santa Fe y cuyo contrato fue rescindido– y el
grupo de origen nacional aunque hoy
supranacional, Techint.
Como suele suceder con los choques de los
trenes, también en este caso se intentó reducir
la responsabilidad en un gasista circunstancial,
tal como generalmente se presentan a los
maquinistas de las unidades ferroviarias.
A pesar de tanto dolor desbocado, miles de
personas atiborraron los registros de donantes
de sangre, rescatistas, bomberos de toda la
región sur de la provincia, pibas y pibes que
jamás dejaron de acompañar con café, comida y
cualquier tipo de atención a los que removieron
escombros tratando de inventar un milagro que
vaya más allá de un canario y un gato rescatados
con vida debajo de las lozas del edificio que ya
no está.
Los primeros en llegar y jugarse literalmente la
vida para salvar la de desconocidos fueron
trabajadores: taxistas, albañiles, periodistas y
los siempre presente ex combatientes de
Malvinas.
En esos valores puesto de manifiesto por los
sencillos y ninguneados hijos e hijas del pueblo
está la certeza de que la vida gambeteará la
muerte y que todavía hay posibilidad de una
mejor sociedad. Certeza que viene de la mano y
el cuerpo de los de abajo, de los que arriesgan
todo lo que tienen, su propia vida, en beneficio
de los otros sin ninguna mezquindad, a pesar de
las impunidades empresariales y políticas que
algún día deberán analizarse.
Porque aunque haya similitudes entre las
imágenes de la humareda del edificio estragado
de Salta al 2100 en Rosario con las nubes que
siguieron a la voladura de la AMIA, en este caso
allende el Paraná, no hubo atentado terrorista,
sino gas acumulado, desidia acumulada como
resultados de negocios invictos de los años
noventa y ahorros que se hicieron nada menos que
en seguridad.
Sucedida la explosión, los gobiernos municipal,
provincial y nacional comenzaron a trabajar de
manera conjunta para asistir a los
sobrevivientes, encontrar lugares de alojamiento
para los que perdieron casi todo y buscar a los
ausentes, tal como los definió el gobernador
Antonio Bonfatti.
Las caras de la intendenta de Rosario, Mónica
Fein, como la de la presidenta, Cristina
Fernández de Kirchner, apenas arribada de la
reunión del Consejo de Seguridad de las Naciones
Unidas, demostraban una sincera y profunda
congoja ante las ruinas y, especialmente,
escuchando y mirando a los ojos a las víctimas y
atendiendo los comentarios de los bomberos y
rescatistas que no dejaron de buscar y ayudar en
ningún momento.
Como resultado de esa presencia presidencial, a
las pocas horas se anunciaron créditos
hipotecarios como también un plan de ayuda
monetaria para residentes del sector que sufrió
los mayores daños edilicios, un total de 204
viviendas afectadas, y otros préstamos blandos
para reponer mobiliario o bienes personales.
El gobierno de Santa Fe informó que tomará a su
cargo las obras de reconstrucción de inmuebles
en la cuadra crítica.
LA CAUSA
El juez correccional de la séptima
nominación que entiende en la causa, Juan Carlos
Curto, caratuló el hecho como estrago culposo.
Ya citó a tres inspectores de Litoral Gas, un
plomero y un gasista. También tomó declaración
de la administradora del edificio y del portero,
al mismo tiempo que secuestró el regulador de
gas y la llave de corte para ser peritados.
Curto pudo constatar algunos de los dichos del
gasista, Carlos García, que resaltó la falta de
mantenimiento de la red del edificio y la
antigüedad del regulador.
–Cuando abrí el recinto vi que la tapa del
regulador estaba floja, le faltaba la palanca.
Al accionarla manualmente con una llave de tubo
y hacer presión me di cuenta que era una
instalación vieja con cero mantenimiento… no era
un regulador automático, el que iba a reemplazar
era el viejo… –declaró García en los tribunales,
según contó el diario La Capital, en su edición
del viernes.
Durante las primeras doce horas que siguieron a
la explosión, Litoral Gas negó sistemáticamente
haber recibido reclamos desde el edificio de
Salta 2141.
Sin embargo, el jueves, ante el juez, distintos
integrantes de la empresa admitieron que
inspeccionaron la torre cuatro días antes de la
explosión.
–Litoral Gas es un actor principal de los hechos
– dijo el juez Curto, entonces.
El mismo martes, la empresa demoró al menos tres
horas en cavar dos fosas para llegar a la
tubería y cortar el fluido que alimentaba el
fuego, en lugar de contar con llaves maestras
por cuadra.
"Si el gasista que trabajó allí dejó abierta la
llave de gas hizo que al edificio entrara esa
cantidad por una cañería por la que no deberían
pasar más de 20 gramos. La explosión se produce
por la acumulación en toda la cañería. La
pérdida se fue hacia adentro y una chispa pudo
causar el estallido", sostuvo el gasista
matriculado Luis Catáneo en diálogo con los
medios de comunicación rosarinos.
–Antes se trabajaba con una cuadrícula para
cerrar sectores. Son doce cuadras por doce y se
utiliza una llave de bloqueo. Esto es algo que
se hace en todo el mundo. Existía en otro tiempo
en la ciudad y demandaba inversión en
mantenimiento para las válvulas. Por ejemplo, en
Oroño y Tucumán (casi a la vuelta de la
explosión) había una que cortaba un determinado
sector… el protocolo de acción ante reparaciones
de este tipo hace tiempo dejó de implementarse
con el fin de reducir el costo de los materiales
–agregó Catáneo.
LOS SONIDOS DEL SILENCIO
Cuando el edificio explotó, distintos
barrios de la región sintieron un cimbronazo.
Mario Paiva, por ejemplo, iba manejando su taxi
en la esquina de Alvear y Córdoba y sintió el
temblor. Vio, entonces, el hongo blanco.
–Todo era grito y pedidos de auxilio. Creo que
fui el primero en llegar, incluso antes que los
bomberos y ambulancias. Trepé por los fondos del
supermercado La Gallega y no se cómo hice para
escalar pisando los aires acondicionados. No lo
pensé dos veces; sentí que tenía que ayudar.
Había una chica embarazada y la pudimos bajar,
una mamá me pedía que ayudara a su hijo y
también lo socorrimos… muy fuerte todo. Anoche
no dormí, esos gritos no me los olvido más –le
dijo Paiva a los trabajadores de prensa que
tampoco descansaron y nunca cayeron en el morbo
habitual que proponen los medios hegemónicos de
Buenos Aires.
Los bomberos voluntarios generalmente son
noticias porque suelen no tener casi nada para
llevar adelante una tarea que tiene mucho de
heroica pero sin el dinero de los personajes que
las historietas cuentan que son Batman y otros.
–Es durísimo escuchar el sonido de los celulares
entre los escombros en medio del silencio de la
madrugada –sostiene Norberto Marchesini, del
cuerpo de bomberos voluntarios de la ciudad de
Firmat, a decenas de kilómetros al sudoeste de
la cuna de la bandera.
"Se apagan motores a unos doscientos metros a la
redonda, tiene que haber silencio, por eso
durante el día no nos sirve la ecosonda. Ahí es
cuando tienen más trabajo los perros. El
removido de los escombros es prácticamente a
mano o con una maquinaria liviana, así pudimos
sacar el miércoles más de cincuenta camiones",
agregó Marchesini.
Por su parte, Angel Poidomani, jefe del grupo de
bomberos de la Policía Federal, remarcó que "el
trabajo en el lugar es quirúrgico y lleva mucho
tiempo. Es un panorama parecido o similar al que
vivimos en la Embajada de Israel o en la AMIA".
Para el ingeniero mecánico, Jorge Adué, "la
explosión fue equivalente a una bomba más
poderosa" que la que destruyó la mutual judía.
En la mañana del viernes, en tanto, algunas
familias pudieron regresar a sus viviendas.
Lo hicieron por turnos y acompañados por
personal de Defensa Civil.
–Hoy, nuestra mayor preocupación es encontrar a
los ausentes y acompañar a los deudos y a los
heridos –dijo el gobernador Bonfatti.
Después de la explosión del martes 6, Rosario ya
no será la misma pero lo mejor de la vida se
impondrá a lo peor de las hipocresías y las
impunidades, porque los que hoy sufren el
inmenso dolor de sus seres queridos saben que
están siendo abrazados por la increíble
solidaridad de los más humildes, de los
ninguneados, de los albañiles, de los
trabajadores, de los ex combatientes de
Malvinas, de las pibas y los pibes que con su
entrega están diciendo que todavía hay valores y
que la esperanza, como siempre, goza de buena
salud y crece desde abajo. En esta ciudad
conmovida y sacudida, la vida le ganará a la
muerte por pura prepotencia de amor y compromiso
con el que sufre. Esas cosas que jamás
entenderán los que decidieron economizar en
válvulas y ajustar en seguridad, los verdaderos
responsables de estas muertes y estas ausencias.
NEGOCIOS
El viejo Pitágoras decía que los números
explicaban los misterios del universo y la vida.
La cifra del sábado decía que había 14 muertos y
siete ausentes. 21. El número que también
expresa la cantidad de años que hace de la
escandalosa privatización de Gas del Estado.
Cuando era la tercera empresa más importante del
mundo y fue privatizada.
La votación se hizo el 26 de marzo de 1992 con
ausencia de los diputados radicales, bancada
presidida por Fernando De La Rúa, y para
llevarla adelante el peronismo contó con los
necesarios 130 votos para aprobar la ley en
general. Uno de ellos no era legislador. Se
trataba de Juan Abraham Kenan, un asesor de
Julio Samid, hermano del empresario Alberto
Samid. Pasó a la historia como el diputrucho. La
ley llevaría el número 24.076, la madre de
Litoral Gas. La misma ley que la empresa no
cumplió como tampoco lo hizo Enargas.
En estos días surgió un titular que deberá ser
tenido en cuenta: "Antes se podían cerrar
sectores de 12 cuadras por 12, pero para ahorrar
se dejó de hacer".
En esta observación se esconde la obscenidad del
cálculo que termina en la acumulación de la
desidia luego devenida en acumulación de gas.
Ahorrar en seguridad para ganar más dinero. La
perversión del sistema. Esos negocios mafiosos
de los años noventa todavía vigentes se pagan
con la sangre derramada de las hijas y los hijos
del pueblo como también sucede con los llamados
"accidentes" ferroviarios. Y un dato más:
Litoral Gas, la empresa que decidió ahorrar
facturó durante el año 2012, 313 millones de
pesos, a razón de 869.444 pesos diarios, un
monto que la hizo aparecer en el puesto 993
entre las mil empresas que más vendieron.
Semejante cifra demuestra la obscenidad del
ahorro, lo criminal de ese ahorro.
"SENTÍ LA PALABRA COMPROMISO"
El periodista decía que no quería pronunciar
la palabra tragedia, desastre, catástrofe ni
tampoco desaparecidos. Las primeras, porque
remiten a castigos y destinos impuestos por los
dioses griegos y lo sucedido en Rosario, el
martes 6 de agosto a las 9.37, no tenía nada que
ver con decisiones metafísicas, sino con una
serie de hechos políticos y económicos que
venían desde lugares muy concretos y terrenales.
Y porque desaparecidos es una figura claramente
vinculada al terrorismo de Estado.
Julio Más, combatiente de Malvinas, estaqueado
en las islas por los oficiales del ejército
aquel que castigaba a los propios porque estaban
desesperados de frío y hambre, escuchaba con
atención.
Desde el martes a la mañana estuvo entre las
ruinas y las llamas, entre los gritos y los
silencios, entre los escombros y la pasión por
salvar la vida de decenas y decenas de anónimos
que siguen buscando la posibilidad de construir
un milagro.
–Ya que hablás de palabras… te quiero contar que
a mí se me apareció otra palabra. La palabra
compromiso… Y te lo juro que se me presentaron
un montón de imágenes, entre ellas las caras de
mis seres queridos, de tantos años de ninguneos…
pero se me apareció la palabra compromiso, te lo
juro –dijo Julio y empezó a explicar. El
combatiente de Malvinas, al que durante años le
negaron atención psicológica, pensión y otros
tantos reconocimientos, contó que llegó a la
zona de la explosión apenas unos minutos
después.
–Eran muy pocos los que trataban de ayudar y era
mucho el fuego –recordó Julio con ojos cansados
pero siempre expresivos.
Alguien dijo que había que pasar por el pasillo
para salvar a una señora que pedía auxilio a
gritos.
Y él, 51 años, sobreviviente de aquella guerra,
ninguneado durante años, papá y abuelo, él que
no tiene nada más que demostrar sobre su
valentía a favor del pueblo, se metió por ese
lugar que en lugar de paredes y techos tenía
llamas.
Y allí está Julio junto a sus compañeros, todas
las noches, dándole algo calentito de comer a
los bomberos, rescatistas y tantos otros que
alientan las esperanzas mientras remueven
escombros.
Lo mejor de la historia, lo mejor de nuestro
pueblo está en tipos como Julio, en los que no
teniendo más que sus vidas las ofrecen para que
la vida de gente sencilla continúe a pesar de
los pesares y las impunidades empresariales.
**//**
Imagen: lavoz.com.ar
|